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675. Lhasa de Sela: El encanto de la tristeza.

Desde hace siglos, la tristeza ha proyectado una sombra gigante sobre el arte. La belleza melancólica de la música de Lhasa de Sela, por ejemplo, hechizó al público desde su aparición en el Festival Lilith Fair de 1997. "Cantar es para mí la búsqueda de una verdad y el intento de trasmitirla", dijo.
Esta artista reunía en su música la introspección y también lo extrovertido. Lhasa de Sela, con una voz de profundo y oscuro misterio, desgranó en canciones de un extremado intimismo un desgarro carismático en el que las letras se fundieron siempre con la melodía creando un poemario musical breve (sólo tres discos) para oídos en busca de algo suave, fresco, distinto y finalmente perdurable, con el que recordarla siempre.